October 3, 2014

Juntos Como Hermanas Y Hermanos Vamos Al Encuentro Del Señor

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Diez mujeres episcopales de origen afro-caribeño van y vienen a través del salón comunitario de la iglesia de sus ancestros. 

Hoy se muestran más sonrientes que nunca. Sus rostros de maestras jubiladas le comunican su alegría y regocijo espiritual a la comunidad reunida para la hora del café. Esta congregación lleva varios años deseando, hablando y sobre todo orándole a Dios para que se dé el momento propicio en que puedan abrazar a la creciente comunidad latina que ahora vive a su alrededor y cuyos hijos e hijas reciben los cuidados de un programa de apoyo para después de sus clases escolares en los salones de esta iglesia. Esta comunidad no sale de su asombro. Atendiendo a la urgente necesidad de aprender inglés existente en muchas de las madres y los padres de estos niños y niñas, por fin, y en menos de dos meses todo ya está casi listo para darle comienzo a un programa piloto que ofrecerá clases de inglés a veinte madres latinas junto con un programa de actividades para sus hijos e hijas mientras que las madres están en clase. 

Ustedes se preguntarán ¿cómo es que se ha logrado realizar este sueño? 

Primero que todo, hay que destacar las muchísimas y constantes plegarias elevadas a Dios para que Él mostrara el camino. Para estas bellas damas episcopales, todo fue concedido en el tiempo de Dios y dentro del sueño de Dios para su congregación y la comunidad local. Seguido, se buscó el apoyo necesario que sirviera de puente entre estas dos culturas, y de esa manera, con todos los esfuerzos de servir con amor y de la mejor manera posible, todo se fue dando: la llegada de la misionera latina/hispana de la diócesis, quien fue invitada a conocer a esta congregación no sólo compartiendo con ella su manera de alabar a Dios, sino también para ofrecerle la hospitalidad de un almuerzo comunitario donde esta congregación buscó y cocinó platillos latinoamericanos, algunos conocidos y fáciles de hacer, y otros más complicados, como el mole poblano, una salsa que toma horas de preparación. Luego vinieron las cenas con padres y madres de los niños y niñas y otros familiares del programa después de las clases. Desde luego, todos y todas se deleitaron con esta manera de darse unos(as) a otros(as). Se vio claramente el deseo de conocerse y de compartir, momentos verdaderamente conmovedores. 

Durante el almuerzo comunitario, diez mujeres se ofrecieron a entrenarse en cómo trabajar con comunidades latinas y a explorar la manera de enseñar inglés como segundo idioma a adultos. Se les invitó a las futuras maestras a que leyeran dos novelas de autoras latinoamericanas que describen historias de vida y experiencias de latinos y latinas que vienen a Estados Unidos por muchas razones, no necesariamente la de tratar de vivir el sueño americano. 

Para mí, como la misionera de la diócesis, este peregrinar juntos como hermanos y hermanas, el poder descubrir mutuamente los tesoros de nuestras lenguas y culturas, el querer darnos la mano y disfrutar con ánimo y entusiasmo de aprender lo que ofrecemos y empaparnos de lo que cada persona nos ofrece, el abrirnos del todo a la transformación del Espíritu divino que logra el milagro de llegar a relacionarnos, a integrarnos y que nos encamina al encuentro de Dios, me llena el alma de un gran gozo y a la vez alimenta profundamente mi espíritu y mis sueños de ver que mi amada comunidad latina pueda avanzar y participar mejor de la vida y de las muchas y diversas oportunidades que nos ofrece este país, y que también otras culturas diferentes a la nuestra aprendan de nuestro aporte de ideas y de maneras de ser y de sentir. 

¡Gracias sean dadas al Señor!