May 2019
Millennials and the Church

¿Qué queremos?

Soy una persona millennial (personas que nacieron entre 1981 y 1996). Nací en 1992 en Houston, Texas. Crecí en la Iglesia Episcopal y he decidido seguir a Jesús en esta rama del Movimiento. No me gusta el café; no tengo discos ni un tocadiscos; tampoco he comido un pan tostado con aguacate; nunca he ido a Coachella ni otros lugares así; nunca he estado en Portland; y no tengo ningún producto Apple.

Las personas millennials no somos una cultura monolítica. No somos solo lo que sucede en Los Ángeles o Nueva York. Somos de todas partes del mundo y aceptamos a quienes vienen de lugares lejanos, ofreciendo lo poco que tenemos a quienes no tienen nada. Mientras crecía, vi un elenco de personajes interesantes y diversos en la televisión y en la música, y mientras sigo observando la cultura popular emergente de las próximas generaciones, me complace ver que muchas variedades de voces están llegando a un primer plano. Somos una generación consciente, y habiendo visto la autenticidad en diferentes culturas, la esperamos dondequiera que vayamos.

Así como nuestra cultura refleja una gran diversidad, la música también debe reflejar la diversidad para atraernos. Las personas millennial están más conectadas con el resto del mundo que las generaciones pasadas. Mucho de esto se puede atribuir a las redes sociales, donde los foros y sitios web ayudan a conectar a las personas a través de intereses comunes que trascienden las fronteras. Debido a esto, las personas millennial son más conscientes de lo que es auténtico para otras culturas, y algunas se involucran tanto con nuevas culturas que se sienten parte de ellas. Por ejemplo, muchas personas de mi edad les encanta escuchar música que es popular en otras culturas. No puedo contar la cantidad de personas que conozco que escuchan K-pop o Nordic Metal, y en su mayoría en idiomas distintos al español.

Deja los estereotipos.

Ahora, ¿qué significa esto para nuestras iglesias? Significa que debemos prestar atención a las personas que entran a nuestras iglesias. Hillsong United no es la única forma de cantarle a una persona joven en su congregación. Quizás les guste el himnario. Puede que les guste Taizé. ¡Es posible que les guste el canto difónico de Mongolia!

Lo más importante es acercarnos a ellos y averiguar qué les gusta. Como millennial, he leído algunos de los escritos más críticos en los principales medios de comunicación sobre personas de mi edad, artículos que nos describen como niños de edad adulta, irresponsables, y egocéntricos. Como consecuencia, muchas personas millennial entran por primera vez a un lugar llevando la carga de los artículos o estereotipos en la mente de quienes nos rodean. No es de extrañar que haya tanta ansiedad y depresión en nuestra generación. Tenemos que ser conscientes de esto en nuestras iglesias y repensar cualquier encasillamiento que podamos estar haciendo a cualquiera que entre por nuestras puertas.

La autenticidad es la clave

Las personas millennial buscan la autenticidad. Por nuestra conciencia de las culturas que nos rodean en los vecindarios de todo el mundo queremos ver a toda la gente representada con respeto y no como caricaturas. Queremos escuchar lo que otras voces quieren decir. En nuestra cultura popular, estamos viendo los éxitos de las personas de diversas razas y etnias.

Hispano significa puertorriqueño, dominicano y otras culturas y países de origen, en lugar de solo mexicanos. Asiático significa singapurense, japonés, coreano y otros, en lugar de solo chino. Queremos ver más autenticidad en la forma de tratar a las personas de otras culturas en la Iglesia. Nuevamente, esto significa que los que tienen el poder deben llegar a las diferentes culturas en sus congregaciones. También significa dar a las minorías posiciones de poder y no tenerlas solo como "consultor", "asesor" o "voluntario".

Autenticidad también significa ofrecernos algo que realmente necesitamos. Las personas millennial hoy en día están sujetas a una nueva sociedad donde todo está acelerado. Nos ocupamos de hacer negocios en los que los correos electrónicos deben recibir respuestas en menos de seis horas y los teléfonos deben contestarse al instante. Estamos creando carreras formadas por muestras de diferentes trabajos. ¡Todo esto nos desgasta! Entonces, cuando decidimos ocupar el poco tiempo que nos queda, queremos un descanso.

En el mundo del "evangelismo", he visto tantas iglesias que ofrecen servicios para jóvenes y jóvenes adultos centrados en música rápida y ruidosa, espectáculos de luces, máquinas de humo, pantallas grandes y aplicaciones para teléfonos. En cambio, los espacios que a menudo anhelamos son tranquilos, lentos y pensativos. Solo hay que ver lo que se está volviendo más comercializado para las personas millennial: programas computarizados de meditación, aceites esenciales, velas, cristales (para la oración y la meditación), yoga. Estamos buscando formas de relacionarnos con lo misterioso, no solo con lo tecnológico. Necesitamos espacios de oración, adoración y sentido, tal como Jesús nos ha enseñado.

La conversación construye puentes

Durante este año, he estado aprendiendo que la conversación es una de las herramientas más poderosas para el evangelismo. Como músico de formación clásica, estoy bastante familiarizado con las personas que son directores de música, instrumentistas, cantores, coristas y músicos con otras responsabilidades en nuestras iglesias. Muchos de estos músicos y mucha gente millennial anhela una dirección espiritual en sus vidas. Muchos han sido tan lastimados por el cristianismo que tienen una visión desfavorable de la Iglesia en general, pero tocan música en una iglesia porque es un trabajo, igual como si trabajaran en una oficina. A menudo, sin embargo, el trabajo es agradable, ya que la música está escrita por algunos de los mejores compositores.

Hay una oportunidad para el evangelismo con sus músicos. Hable con ellos sobre la música. ¿Qué significa para ti? ¿Qué significa para tus músicos? ¿Qué significa desde un aspecto espiritual? Una discusión honesta puede ayudar a cerrar la brecha entre muchos de nuestros músicos y nuestras iglesias.

¿Siempre funcionará? Probablemente no. Pero es una forma de construir una buena relación de trabajo, en lugar de hacerse de la vista gorda desde el púlpito y los comentarios desagradables desde el coro que los músicos a veces escuchan.

Las personas millennial están conscientes de nuestras iglesias, y la manera de llegar a mi generación es a través de la conversación. Al hablar con ellos tendrá mejores relaciones que muestran el amor de Dios sin fijarse en la edad. De esta manera creceremos en una fe auténtica.

Para mostrar lo que una persona millennia aprecia, aquí hay una lista de 10 piezas/cantos sagrados que realmente me gustan, en orden alfabético:

Anónimo: Gloria a Dios (Machu Picchu, El Himnario 492)
J.S. Bach: Et in terra pax (BWV 232)
Albert F. Bayly: What does the Lord require (Hymnal 1982 605)
Gabriel Fauré: In paradisum (Op. 48)
Sandra Montes: Todo lo puedo hacer
J.A. Olivar y M. Manzano: Cuando el pobre (Wonder, Love, and Praise 802)
Josef Rheinberger: Kyrie (Op. 126)
Richard Smallwood: Total Praise
C.V. Stanford: Gloria Patri (Op. 10)
Marcos Witt: Tu Fidelidad

Ellis Reyes Montes es un músico y escritor polifacético y dinámico. Es episcopal de toda la vida y vive en Houston, Texas. Sigue sus pasiones musicales y escritas con el apoyo amoroso de su familia. Es el director musical de la Iglesia Episcopal de Grace, Houston, y es un Tejedor de Historias con la Campaña StorySharing de Beloved Community. Además de mantener un programa de música en la iglesia y facilitar el intercambio de historias, toca música con varios conjuntos de todo estados unidos y mantiene un blog en inglés: openlyepiscopalian.blogspot.com, donde trata de investigar el amor de Dios para con toda la creación de Dios. Cuando no está escribiendo, practicando o tocando música, se le puede encontrar estudiando idiomas, jugando bridge o leyendo.

Recursos:

This article is part of the May 2019 Vestry Papers issue on Millennials and the Church