September 2020
Stewardship and Abundance

Oración y acción en una pandemia

Cuando me enteré de que la COVID-19 ya estaba en EEUU y que gente estaba muriendo a causa de este virus mortífero, se me partió el corazón. No entendí cómo había pasado eso. Recurrí al Todopoderoso para obtener sabiduría y comprensión. Lo primero que me vino a la mente después del shock inicial fue: “¿Cómo puedo ayudar a otras personas en medio de esta pandemia?”. Sé que podemos orar y oramos mucho. Pero como pueblo de Dios, teníamos que hacer más que eso. Teníamos que actuar.

Sentí que éste era un momento en que la gente necesitaba ver una cara conocida. Necesitaban ver a alguien que se preocupaba por ellos y les amaba. Vi tanta desesperación y desesperanza en los ojos de la gente, y tanto miedo a la enfermedad. Salí a las calles y empecé a pedir donaciones de comestibles. Me sentí impulsada a hacerlo, porque la mayoría de aquellos a quienes servimos son indocumentados. Mucha gente está recibiendo ayuda del gobierno, pero hay grandes brechas para los menos afortunados.

Un esfuerzo de base para proporcionar alimentos y artículos necesarios cobra forma

Lo primero que hicimos fue encontrar un lugar para empaquetar comestibles y entregárselos a los necesitados. Si bien ayudábamos a todos los que venían pidiendo ayuda, mi corazón se volcó especialmente hacia los ancianos confinados en sus hogares, los indocumentados, las madres que criaban solas a sus bebés y los afectados por el virus en cuarentena en sus hogares.

Empecé a poner pedidos de apoyo en los medios sociales. Y la gente respondió a mi llamada. Empezaron a llegar alimentos, pañales, fórmula y muchas otras cosas que la gente donaba para asistir a los necesitados en la zona triestatal de Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania. Voluntarios llevaron alimentos a los que no podíamos alcanzar. También conseguimos la participación del Departamento de Policía de Norristown, Pensilvania. Ellos ayudaron a entregar comestibles donados a los ancianos y todos estuvieron sumamente agradecidos. Ver a la policía prestando servicios voluntarios fue importante para la comunidad. Todos los días surgían nuevas tareas y lugares para entregar los alimentos y otras cosas.

Al mes de haber empezado, recibí una llamada de un sacerdote amigo de Guatemala pidiéndome ayuda y empecé a pedirle a la gente que adoptara familias en ese país. Afortunadamente, logramos la adopción de muchas familias. Seguimos publicando nuestro cometido en medios sociales, a quiénes estábamos ayudando y lo que necesitaban, y pudimos ayudar a muchos en esas comunidades. Era un esfuerzo enteramente de base, que se expandió a más de cien voluntarios.

Llevar la oración a la comunidad

Después de haber servido a mucha gente por aproximadamente un mes, nos dimos cuenta de que teníamos que hacer más. Empezamos a orar por las comunidades. Con un remolque y una caravana de automóviles, fuimos a diferentes comunidades para llevar esperanzas a los desesperanzados. A medida que empecé a orar desde el remolque con un altoparlante y un micrófono, empezó a salir gente de sus hogares con cruces en las manos. Algunos estaban llorando. Otros elevaban los brazos al cielo pidiendo sanidad. Fue una escena conmovedora ver tanta escasez, no solo de alimentos sino también de esperanzas. Tantísimos de ellos habían perdido sus empleos y necesitábamos ser la luz en medio de su desesperación. Muchos tenían miedo de salir, pero yo no, porque era el momento de demostrar el amor de Dios, tanto con alimentos como con mascarillas hechas a mano o mediante oraciones por el pueblo. Todos necesitamos sentir amor.

Manos y corazones generosos proveen para una población vulnerable

Paso muchos días preparando, reuniendo cosas, recogiendo donaciones. Paso horas llamando y enviando textos a gente, pidiéndoles su ayuda para que podamos ayudar a otras personas. Hemos reunido un equipo diverso y nos levantamos temprano por la mañana orando y preparando. Si bien todos estamos sirviendo, como pastora también tengo que dedicar tiempo a escuchar a los numerosos grupos que vienen pidiendo ayuda. Presto atención a su dolor y sus necesidades.

Tenemos un grupo que solo hace mascarillas y hasta ahora ha hecho cientos. Estas mascarillas se entregan a la gente que vemos en persona y se envían por correo a gente de todo Estados Unidos. Muchos donaron dinero para que podamos comprar los alimentos en las listas que creamos. Debido a que no queríamos que la comida se echara a perder, les pedimos a las familias a las que atendíamos regularmente que nos dijeran qué les gustaba comer y cocinar. Nuestras bolsas de comestibles contienen arroz, frijoles, vegetales, café, leche, huevos, plátanos, aceite, azúcar, cereal y todo lo necesario para preparar el desayuno, el almuerzo y la cena. Están diseñadas para que duren como mínimo dos semanas. También recibimos donaciones de supermercados. Una organización nos dio 500 cajas de pañales de todos los tamaños y otras nos dieron comida para bebé, artículos de tocador y mucho más.

Las cosas parecen estar tranquilizándose ahora que la gente está empezando a volver al trabajo. Los primeros tres meses fueron sin parar. Pasamos de entregar 30 bolsas de alimentos por semana a cientos todas las semanas. Un lunes por la mañana entregamos más de 400 bolsas de alimentos, sin contar las cajas de vegetales frescos. Entendimos que la necesidad era mayor en las comunidades que estábamos asistiendo, porque mucha de esa gente no recibe ayuda del gobierno. Seguimos contestando llamadas y mensajes por correo electrónico de gente que sigue teniendo necesidades extremas.

En total, hasta el momento hemos asistido a miles de familias, muchas de ellas con niños. Tenemos bolsas especiales para niños y cada uno de ellos escoge sus propios alimentos y vitaminas. Como abuela, uno de mis momento más conmovedores fue haber visto tantos niños recogiendo sus bolsitas. Para mí, la alegría y gratitud en sus caritas es un signo tangible y visible de que Dios también nos está sonriendo, incluso en medio de una pandemia que asusta y aísla.

La Rev. Yesenia (Jessie) Alejandro, fundadora de Mothers Mission, ha estado trabajando por más de 25 años con comunidades de toda la ciudad de Filadelfia, de los condados que la rodean y de Puerto Rico. La pasión de Jessie, una activista conocida en la ciudad, es ayudar y servir a ancianos, niños y familias. Como una extensión de St. Mary’s Episcopal Church Chester, para realizar donaciones a Mothers Mission contactar a la Rev. Jessie en el 856-580-7174 o visitar este enlace. Síganla en Facebook: Jessie Alejandro o en Instagram: Jessie Alejandro1.

Recursos:

This article is part of the September 2020 Vestry Papers issue on Stewardship and Abundance