July 2019
Strategic Visioning

Extender nuestra imaginación estratégica – Segunda parte

Cuando los episcopales hablan sobre el Movimiento de Jesús, a menudo las conversaciones siguientes son sobre evangelismo. Deseamos crecer y eso es algo bueno si el crecimiento ocurre por los motivos correctos. Vale la pena preguntar qué constituye Buenas Nuevas en nuestro movimiento y qué no es más que una estrategia reconstituida para el crecimiento eclesiástico institucional.

Algunas actividades que llamamos “evangelismo” representan en realidad la idea de que “esto persuadirá a más gente a que venga a nuestras parroquias moribundas, para que podamos tener suficientes fondos para mantener nuestras puertas abiertas”. Esta manera de pensar no es Buenas Nuevas. A los movimientos no les interesa conservar la seguridad institucional. Lo que les interesa es movilizar a la gente para que participe en experimentación radical con el propósito de generar cambios justos y concretos.

Si esto último es lo que queremos, entonces la teoría de la resistencia no violenta puede demostrar ser una parte útil de la conversación. A continuación, tres lecciones que podemos aplicar al trabajo de forjar el Movimiento de Jesús.

1. Los movimientos no violentos que permiten la participación de una gran variedad de personas son más exitosos por ello.

Los movimientos violentos requieren que los participantes estén dispuestos a hacer daño a otras criaturas bienamadas por Dios. Es por eso que favorecen la participación de personas con destrezas y capacitaciones especiales. Por el otro lado, muchos que no pueden o no están dispuestos a participar en un movimiento violento pueden contribuir a uno no violento. Los movimientos no violentos permiten la participación de jóvenes y viejos, de discapacitados, de gente que habla diferentes idiomas, de aquellos cuya sexualidad o género causa que sean más vulnerables a abusos en medios de conflictos armados. La accesibilidad conduce a una participación más amplia en el movimiento, y eso es importante, porque la participación es uno de los principales determinantes de la obtención de resultados favorables. Los investigadores lo llaman “la ventaja de la participación.” [1]

Más aún, es más estratégico forjar un movimiento intercultural, interreligioso e interracial, porque una coalición de esa índole puede emplear una mayor variedad de tácticas. Esta “diversidad táctica” [2] es una fuente probada de poder, porque cuando se cuenta con una mayor variedad de participantes hay una mayor probabilidad de que se creen maneras innovadoras de resistir, que pueden sorprender a los opresores y, por lo tanto, obstaculizar que respondan rápidamente.

La investigación sobre los movimientos efectivos es poderosamente reminiscente de nuestra identidad como el Cuerpo de Cristo. El Movimiento de Jesús solicita la participación de todos, especialmente de aquellos a los que el mundo considera como los menos poderosos. [3] Es nuestro cometido reconocer el poder del Espíritu en todas las personas y emplear esos recursos para avivar la llama de todos los que participan en la sanación del mundo.

En el proceso de expandir el círculo de participación, es especialmente vital que la Rama Episcopal del Movimiento de Jesús promueva el liderazgo de los que sufrieron opresión (especialmente a manos de la Iglesia). Nuestra denominación es demasiado blanca, demasiado rica, demasiado arraigada en sistemas violentos, como para ver las muchas maneras en las que hemos sido parte de los problemas que deseamos resolver. Esto requiere que ofrezcamos apoyo público y entusiasta a aquellos de otras tradiciones de fe que trabajan por la justicia. Significa darles el micrófono a las personas de color heridas por el silencio de la iglesia y la complicidad de la supremacía blanca.

2. La movilización efectiva requiere que se escuche con profundidad.

Tras haber encabezado colaborativamente una revolución no violenta exitosa en Serbia en 2000, Srdja Popovic ahora está enseñando a aspirantes a revolucionarios en todo el mundo. Señala que “los disidentes no se dan cuenta de que lo que mueve a los pueblos son las cosas mundanas”. [4]
Empoderar a la gente para que participe en el Movimiento de Jesús requiere priorizar las preocupaciones cotidianas de los oprimidos. Con toda nuestra teología elocuente y liturgias hermosas, lo que la mayoría de la gente quiere saber es: “¿Cómo me va a mejorar la vida este movimiento? ¿Cómo ser parte de este movimiento ayudará a que yo, mi familia y mi comunidad florezcamos?”.

Conocemos a Dios mediante expresiones tangibles en los sacramentos. Pan y vino, agua y crisma, son signos de la presencia de Dios con nosotros en lo cotidiano. Asimismo, al hablar con otros tenemos que estar dispuestos a dirigirnos al impacto tangible de nuestra teología de movimiento sobre la supremacía blanca, la pobreza, el cambio climático y otros sistemas violentos.

El evangelismo en un contexto de movimiento tiene mucho más que ver con escuchar que con hablar. Nos llama a unirnos con los han sido empujados a los márgenes [5], creando una solidaridad que empodera a los afectados por la opresión a ser agentes de su propia liberación. El Movimiento de Jesús no es simplemente un movimiento para el pueblo. Es el movimiento del pueblo.

3. Los movimientos no violentos cambian la dinámica del poder y simultáneamente empoderan a los participantes.

Los movimientos verdaderamente no violentos no consolidan el poder. Lo distribuyen. Resisten la tentación de caer en patrones de liderazgo basados en dominación compartiendo ese liderazgo ampliamente.

La supremacía blanca en particular celebra la centralización. Considera que el poder distribuido es un ataque a su proceso bien calculado de monopolizar el poder. Los movimientos que distribuyen el poder ofrecen esperanzas de que otra vía, más equitativa, sea posible. La descentralización también es subversivamente estratégica: no se puede matar el movimiento matando a un líder carismático.

Esta es una lección difícil para una iglesia que atesora su sistema de gobierno episcopal, y en la que el clericalismo sigue siendo adverso al sacerdocio de todos los creyentes. Con excesiva frecuencia le damos a Jesús el papel de panacea, para que no tengamos que participar en la problemática sanación del mundo.

Olvidamos que Jesús, “[a]unque existía con el mismo ser de Dios no se aferró a su igualdad, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres”. [6] El Movimiento de Jesús es sobre estar bajo la autoridad de un Dios que optó por presentarse en el barrio como un judío palestino pobre y moreno. Ese mismo Jesús distribuyó el poder a una mezcolanza de gente de toda su sociedad: pescadores, cobradores de impuestos y prostitutas; enfermos y pobres; mujeres de toda condición. Los empoderó para que hicieran el trabajo de Dios en el mundo.

Si queremos participar en el Movimiento de Jesús, también debemos participar en tal kenosis. Los cristianos blancos de EE UU, en particular, deben despojarse de la tendencia profundamente enraizada de pisotear a otros para salir adelante. Una iglesia que debe su existencia al imperialismo y al colonialismo y asentamiento de colonos, tiene mucho que aprender sobre los numerosos movimientos poderosos de base que surgieron en el mundo entero.

Si vamos a ser un movimiento, entonces el evangelismo debe significar la movilización de coconspiradores para la Comunidad de Bienamados de Dios. En solidaridad y bajo el liderazgo de los más afectados por el fallo de la humanidad de vivir hacia la visión que Dios tiene de nosotros, podremos irnos acercando al Shalom, a la Comunidad Bienamada, hacia un mundo de belleza, paz justa y alegría, en el que todas las criaturas de Dios pueden florecer.

La Rev. Lauren Grubaugh se desempeña como sacerdote en Christ Church Cathedral, Indianápolis, una parroquia multicultural y multilingüe dedicada a la formación espiritual, la belleza y el fomento. Como sacerdote, Lauren estimula la curiosidad sobre las prácticas espirituales necesarias para que las comunidades se conviertan en agentes de paz valientes y perseverantes en un medio político y ecológico crecientemente caótico. Sus ansias de aprendizaje vitalicio la condujeron al Seminario Teológico de Virginia, al Seminario Teológico Fuller, a la UCLA (donde obtuvo una licenciatura en español) y más recientemente a la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, donde completó un curso llamado Leading Nonviolent Movements for Social Change (Liderar movimientos no violentos para el cambio social). Síganla en Twitter @laurengrubaugh

Recursos:

1 Erica Chenoweth and Maria J. Stephan, Why Civil Resistance Works, Columbia University Press, 2011, pp. 8. Lea el Capítulo 1 aquí.
2 ibid., pp. 16
3 Pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (1 Cor. 12: 24b-26 NRSV )
4 Srdja Popovic, and Matthew I. Miller, Blueprint for Revolution: How to Use Rice Pudding, Lego Men, and Other Nonviolent Techniques to Galvanize Communities, Overthrow Dictators, or Simply Change the World. 2015, pp. 73.
5 Mi articulación de parentesco con los marginados está inspirada por el Fr. Greg Boyle. S.J., con el que serví por dos años en Homeboy Industries, la mayor organización del mundo para la intervención y prevención de pandillas. Puede explorar estas ideas en sus libros Tattoos on the Heart y Barking to the Choir.
6 Filipenses 2:6-7a, CEB

This article is part of the July 2019 Vestry Papers issue on Strategic Visioning